viernes, 30 de noviembre de 2018

Tuve un sueño tan raro que no me quería despertar hasta terminarlo. Y mi cerebro lo permitió. Arrancó en un día sábado, en que yo había salido de un entreno y era de mañana. Yo estaba en un apartamento con Sergio Jaramillo y Humberto de la Calle viendo algo sobre el.proceso de paz en televisión y me disponía a hacer crispetas, era un ambiente muy agradable y ellos muy amables conmigo. En ese momento sale una noticia sobre Armenia, algo con muchos muertos, y me frene y les pregunté "¿qué pasó en Armenia?", se que me dijeron la respuesta pero lo siguiente que recuerdo es estar en un taxi en Armenia, no se hacia dónde iba, estaba muy preocupada, y en ese momento la vi, y pensé que también se había venido hasta acá y algo dolió un poquito. Era una muchacha mona, de cabello a los hombros, ojos claros y grandes, blanca, labios gruesos, de mi estatura, joven en el final de sus 20s, tenía unos jeans, camisa de jean y una mochila. Era ella y yo no sabría decir porqué la reconocí. Estaba hablando por teléfono y mientras estuvimos nunca dejó de chatear, con él. Porque estuvimos un buen rato. Me acerqué y le dije: "Ángela, yo soy...", y no me dejó terminar la frase, me respondió con una sonrisa amplia que sí, que ella sabía quien era yo y que era muy chévere que yo estuviera ahí. Que ella ya iba a verlo que si íbamos, yo le dije que no, que sólo quería saber si estaba bien, que yo no era capaz de verlo, que tenía miedo de lo que podía sucederme, y ella me dijo que también tenía miedo que me imaginara, yo le respondí que estaba segura que no, que él lo último que quería era verme, dijo que no, que no era así. Me dio a entender que el hablaba bien de mí, con frecuencia y con cariño. Subimos a un edificio, seguía chateando con él, me dijo que la casa estaba bien pero que iban a oler a humo un buen rato. Insistió de nuevo en ir y me volví a negar, le pregunté si le había dicho que fui y hablamos, me dijo que sí con cierta vergüenza. Yo seguía pensando en que ella era un poco ingenua y muy enamorada, por lo de siempre. Y nada, era media tarde cuando me fui.

viernes, 13 de julio de 2018

Querido diario:

Ya no me voy a morir sin saber lo que es un squirt.

No lo puedo creer, yo pensé que eso no era para mí, que mi cuerpo nunca iba a experimentar eso, y de la nada, como un orgasmo que quiere llegar y no llega pero desemboca en un chorro de agua. En serio, no lo puedo creer, y no me cabe la sonrisa en la cara. Me tiemblan las piernas. ¿En serio tuve un squirt?

martes, 15 de mayo de 2018

El lupus anda cansón, se hace notar. Están siendo muy comunes las mañanas con mucho cansancio y dolor en las manos y en los pies. Parece que es estrés, la tesis es un huracán que revuelca cuerpo y mente pidiendo la vida para ella ella sola toda. Y a veces parece que hace falta la vida entera para terminarla. No me molesta, salvo que me siento lenta para hacerla, pero esto es mejor que la incertidumbre de qué va a ser la vida cuando la acabe. Mejor sigo cojeando al levantarme.

sábado, 14 de abril de 2018

Problemas mentales de los doctorados, los miedos, las inseguridades y... los tutores.

Hay algo de lo que quiero hablar, de los problemas mentales de los doctorandos. Particularmente los míos. Yo tengo varias características particulares que potencian las situaciones dificiles durante este doctorado: una inseguridad crónica que me hace pensar siempre que estoy haciendo menos de lo que debería hacer o que no tengo lo que hace falta para hacer las cosas (sobre todo lo de "no soy suficiente" cubre el ámbito académico, el social, el personal, el afectivo, el familiar), por ahí entonces padezco de lo que llaman por ahí "el síndrome del impostor" o esa imposibilidad de reconocer los logros propios como producto del esfuerzo, del mérito, de la inteligencia o lo que sea y achacárselos a la suerte, pura chepa estar donde uno está. Este par de cargas han sido la causa y la compañía de una tristeza (muchos dirían que es depresión, pero yo esa palabra tan grande no la uso porque no hay un diagnóstico clínico) que en los períodos en que era más explícita se expresaba en la ausencia del apetito, insomnio, llanto en lugares inesperados, cansancio, fatiga, falta de motivación para hacer las cosas que más me gustan, pérdida de peso, retrasos en el trabajo. Cuando no es tan explícita o, más bien, cuando uno aprende a encubrirla hay pensamientos parásitos, ideas que están atoradas permanentemente en el cerebro que confluyen en el "qué pereza seguir viviendo". En este momento estoy atravesando un período de tristeza no explícita. Tampoco quiero hablar con las personas, en general me parece que nadie es de confiar y que la gente te usa y se va y básicamente no le importas a nadie, entonces para qué establecer lazos o si quiera generar confianza si eso no va a ningún lado. Mi opinión acerca de las relaciones amorosas es aún peor.

Pero no todo es malo. Estoy haciendo las cosas que me gustan, una sobre todas: mi tesis. Tengo las cosas claras en mi cabeza, hago análisis, camello resto (o bueno, yo creo que es resto) y tengo menos miedo. Hasta hace dos días pensaba que todo estaba bien, colgada en tiempo como siempre pero no por falta de trabajo sino porque es mucho camello, en estas viene mi director. Y acá ya no se como contar las cosas porque sigo con ira. Eso es bueno, ya no es tristeza, es ira. Mi percepción es que sí, hay problemas en nuestra relación y eso no colabora ni con esos sentimientos negativos míos hacia mí ni con el desarrollo de la tesis. Pero todo es peor porque parece que los problemas se originan en mí, eso me hizo sentir, la relación no es buena porque yo no la hago buena, como si yo fuera la persona difícil de la relación.

La solución es olvidar esto, darle chumbimba académica, creo que en eso soy buena, lenta pero buena. Que deje de joder, que deje de decirme que me rota el artículo de Nature sobre los problemas mentales de los doctorandos como si eso estuviera alejado de su esfera, como si él no fuera parte del problema. Que más bien se lea lo que le he enviado tantas veces. Que más bien encuentre una manera de ser un pedagogo y un guía y no un desmotivador natural.

Y que ni se le vuelva a ocurrir decirme que mejor debí quedarme en la botánica. Viejo pendejo.
No se escribir. Me cuesta mucho trabajo, por eso mismo me da pereza, por eso no escribo. Lo que me falta por hacer de la tesis es precisamente eso, escribir. Sólo hay una forma de vencer ese miedo y esa pereza a escribir y es escribiendo. Entonces será escribir todo. La introducción de cada capítulo. Las historias que tengo atrasadas en este blog. Las cosas que voy pensando y que voy sintiendo. No hay de otra que reactivar este blog para perder el miedo a escribir.

martes, 20 de febrero de 2018

El problema de la tristeza es que nunca se va, queda ahí, agazapada, y sale cuando uno menos la espera y menos la necesita. Se expresa con fuerza. Y yo me voy a terminar rindiendo.

domingo, 28 de enero de 2018

Tengo más sueños por cumplir que vida. Quiero conocer Islandia y sus Auroras Boreales, quiero ir a Rusia, quiero aprender Ruso, Francés, Italiano y Alemán. Quiero vivir en Alemania un tiempo. Quiero trabajar en la ruralidad de Colombia. Quiero muchas cosas.