sábado, 14 de abril de 2018

Problemas mentales de los doctorados, los miedos, las inseguridades y... los tutores.

Hay algo de lo que quiero hablar, de los problemas mentales de los doctorandos. Particularmente los míos. Yo tengo varias características particulares que potencian las situaciones dificiles durante este doctorado: una inseguridad crónica que me hace pensar siempre que estoy haciendo menos de lo que debería hacer o que no tengo lo que hace falta para hacer las cosas (sobre todo lo de "no soy suficiente" cubre el ámbito académico, el social, el personal, el afectivo, el familiar), por ahí entonces padezco de lo que llaman por ahí "el síndrome del impostor" o esa imposibilidad de reconocer los logros propios como producto del esfuerzo, del mérito, de la inteligencia o lo que sea y achacárselos a la suerte, pura chepa estar donde uno está. Este par de cargas han sido la causa y la compañía de una tristeza (muchos dirían que es depresión, pero yo esa palabra tan grande no la uso porque no hay un diagnóstico clínico) que en los períodos en que era más explícita se expresaba en la ausencia del apetito, insomnio, llanto en lugares inesperados, cansancio, fatiga, falta de motivación para hacer las cosas que más me gustan, pérdida de peso, retrasos en el trabajo. Cuando no es tan explícita o, más bien, cuando uno aprende a encubrirla hay pensamientos parásitos, ideas que están atoradas permanentemente en el cerebro que confluyen en el "qué pereza seguir viviendo". En este momento estoy atravesando un período de tristeza no explícita. Tampoco quiero hablar con las personas, en general me parece que nadie es de confiar y que la gente te usa y se va y básicamente no le importas a nadie, entonces para qué establecer lazos o si quiera generar confianza si eso no va a ningún lado. Mi opinión acerca de las relaciones amorosas es aún peor.

Pero no todo es malo. Estoy haciendo las cosas que me gustan, una sobre todas: mi tesis. Tengo las cosas claras en mi cabeza, hago análisis, camello resto (o bueno, yo creo que es resto) y tengo menos miedo. Hasta hace dos días pensaba que todo estaba bien, colgada en tiempo como siempre pero no por falta de trabajo sino porque es mucho camello, en estas viene mi director. Y acá ya no se como contar las cosas porque sigo con ira. Eso es bueno, ya no es tristeza, es ira. Mi percepción es que sí, hay problemas en nuestra relación y eso no colabora ni con esos sentimientos negativos míos hacia mí ni con el desarrollo de la tesis. Pero todo es peor porque parece que los problemas se originan en mí, eso me hizo sentir, la relación no es buena porque yo no la hago buena, como si yo fuera la persona difícil de la relación.

La solución es olvidar esto, darle chumbimba académica, creo que en eso soy buena, lenta pero buena. Que deje de joder, que deje de decirme que me rota el artículo de Nature sobre los problemas mentales de los doctorandos como si eso estuviera alejado de su esfera, como si él no fuera parte del problema. Que más bien se lea lo que le he enviado tantas veces. Que más bien encuentre una manera de ser un pedagogo y un guía y no un desmotivador natural.

Y que ni se le vuelva a ocurrir decirme que mejor debí quedarme en la botánica. Viejo pendejo.

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