lunes, 24 de abril de 2017

No le diga a un sobreviviente de un cáncer que es un héroe, que es un campeón. Tal vez es fuerte y resistente, pero es una persona normal que tuvo un diagnóstico a tiempo, o que tuvo mucha suerte, no fue más. La etiqueta de superhéroe invencible pone un peso tan grande que hace que esa persona que sobrevive tenga que estar siempre agradecido y feliz y conforme y lo pueda todo y sea un ejemplo de vida, un faro, una luz a seguir y no, no es así.
Es un lujo tener una segunda oportunidad, se piensan muchas cosas después, se siente uno estrenando vida y se promete a sí mismo que esta vez va a vivir mejor, pero es un autoengaño porque uno sigue siendo el mismo y la vida y los problemas no se van con que uno sobreviva, y el haber enfrentado y sobrevivido a un cáncer no significa que todos los demás problemas sean nimios y se superen como quien salta un charco.
No, el sobreviviente también tiene derecho a ponerse triste, a quererse morir, a pensar y a sentir que hay cosas más graves que estar enfermo, a no ser fuerte siempre, a no querer dar charlas de ayuda y apoyo a otros enfermos, a no ser valiente.

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