1. Los diez grados Celcius de Bogotá, no son los mismos del invierno en Estados Unidos (y ahora que lo recuerdo, tampoco los de la primavera danesa), son más fríos, o soy más quejetas allá. Pero es posible usar falda con medias veladas en invierno, la barrera son los cero grados.
2. La calefacción es la bendición y la maldición, hay que vestirse en capas, porque en la calle hay un frío de muerte y en los edificios un calor cartagenero, y cuando estás en un lado olvidas la temperatura del otro.
3. Los cero grados también marcan el uso del secador, si llegas a salir con el pelo mojado, incluso bajo el gorro, se te congelan las ideas.
4. Hay que comer fruta, pero solo me dan ganas cuando hace sol. La avena del desayuno se sirve tibia. El chocolate de mi amado altiplano es irremplazable pero la cocoa sabe hacer su trabajo, sobre todo en términos de inmediatez y ausencia de molinillo. También empieza la ingesta de comida rica, harinosa, descubrí tarde la mantequilla de maní pero nos vamos a hacer amigas inseparables, junto con el pan, la mermelada o la miel y el café, seremos un equipo invencible.
5. Yo creía que dormía como marmota mis sagradas ocho horas, pues amaneciendo a las 7.30 y anocheciendo a las 5.30 puedo empezar a traspasar los límites y llegar más lejos.
6. La calefacción y el frío resecan las manos, las agrietan, se rompen, sangran, duelen, para eso mucha crema para manos, mucha.
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