jueves, 28 de diciembre de 2017

A estos cuatro meses de mi vida los voy a llamar "aprender a cuidar de mí por medio del descuido". La técnica consiste en hacer de todo, más cosas nocivas que benéficas para saber cuál sienta mal y así cuando vuelva a casa, con condiciones más controladas saber qué hacer y qué no.

Por ejemplo me falta tenerme más cariño y más paciencia, me falta hacer ejercicio, ya se que comer bien no es suficiente. Cerrar redes sociales requiere valentía y la tenía, tampoco sabía que tenía tanta voluntad para no revisarlas, y que ese par de actos son el resultado de un instinto de preservación grandísimo por el que corro lejos de todas las cosas que me hagan daño.

Que soy más disciplinada de lo que pensaba, tanto que me embalo y se me olvida hasta comer. Solo me hacía falta buena dirección.

Creer en mí es posible pero no es un confianza estable y constante. Creer en mi capacidad de trabajo, en la posibilidad de hacer cosas buenas, en mi habilidad de reconocer buenas personas, en la cautela para no dejar entrar a las que potencialmente me volverán mierda, estos súper poderes van y vuelven. Por eso me siento perdida, porque no siento que estén ahí siempre.

A veces siento que me falta mucho para aprender a cuidar de mí misma, a veces estas ganas de estar sola y seguir sola me dan la impresión de que ya se mucho de eso. Dicen que cuando uno sabe estar consigo mismo a solas y se disfruta es que está listo para estar con otros, es curioso porque cuando uno está tan rico consigo mismo le da pereza romper ese idilio metiendo a un externo. Ese externo tiene que ser una chimba, y de esa gente no hay. Y yo tampoco sé reconocer quién sí aguanta y quién no. Y tal vez me gusten los que no y he dejado de ir a un montón que sí.

Que el tiempo se pronuncie. Pero qué jartera esperar a que la sorpresa aparezca por ahí. Uno debería saber si se va a quedar solo para irse acomodando o si se va a encontrar con alguien para hacerle espacio.

Hoy soy un grinch.

No hay comentarios:

Publicar un comentario