lunes, 4 de diciembre de 2017

Emilia

Emilia fue mi regalo de cumpleaños número 37, ese día supe de su existencia. Ni siquiera sabíamos que era Emilia, solo era un alien, un frijolito en la barriga de Carolina.

Emilia es la segunda oportunidad que la vida le dio a Carolina y que ella, generosamente, la comparte conmigo. Hace mucho hicimos esa promesa pero nunca pensé que se pudiera materializar ese hecho.

Estar lejos de ese par es difícil pero no por eso estoy aparte del proceso. Caro me va mandando fotos de ella y su panza, o las grabaciones de las ecografías, con los gritos de Camilo, el papá, y de Leonor, la abuela materna.

Y eso me conecta, me da razones para volver, para vivir, para sonreír, ser tía tiene lo mejor de los dos mundos, educar, ver crecer, compartir, alcahuetear, mostrar esas partes del mundo y de uno que uno considera que son las mejores, pero cuando se cagan o empieza a joder poderlos devolver a sus progenitores.

También fue hermosa una coincidencia, yo siempre pensé que si tenía una hija la iba a llamar Emiliana o Agustina, y cuando Caro me contó que se habían decidido por Emilia y yo le conté, con el miedo de aguar la decisión, me dijo que antes era mejor, que con mayor razón ese era el nombre.

Hoy me preguntaron que qué estaba escuchando, porque Emila está en sesión de música y obvio, tiene que ir escuchando lo que le gusta a la tía loca. Y yo no se si llorar o reír, probablemente haré las dos.

Sí, es posible querer un frijolito, un alien.

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