Me gusta esto de que el tiempo pase, esto de estar lejos de todo, en distancia, en tiempo, en noticias, en cotidianidad. Lejos del país, lejos de la familia, lejos de los amigos, lejos de los amores pasados, lejos de los recuerdos. Todo lo superfluo, todo lo contaminado, todo lo que no soy yo, todo lo que no es mi esencia, todo eso se decantó y supe que era y lo dejé ir. Quedé yo, con lo que soy, con lo que siento, con lo que me gusta.
Me gusta mucho Nueva York, me gusta sentirme una más, me gusta que no me pierdo y ando allí como si estuviera en mi propia casa. Me gusta encontrar sorpresas, como esa vez que tomé la dirección contraria -siempre que salgo del subterráneo a la luz nunca se qué dirección tomar-, y encontré a Hot & Crusty y fue la bagel con mantequilla más rica que me comeré jamás en la vida. Felicidad por 2.95.
Me gusta el tango y lo entiendo perfectamente. Hasta esa escultura gigante en Puerto Madero.
Me gusto yo, con mis dudas y con mi fuerza. Con mis curvas marcadas y mi panza y mis 37 años y esas arrugas que se empiezan a hacer notorias alrededor de los ojos, de reírme, de lo que sea, de estar viva. Me gustan esas canas que le quitan monotonía a mi pelo largo que ya nunca me volveré a cortar. Me gusta que mi cabeza está empezando a dejar de decir con tanta frecuencia la palabra miedo. Me gusta que no quisiera estar sola pero que si hay que hacerlo ya no hay miedo. Me gusta que ya se que "el todo es querer" para hacer algo.
Estos casi seis meses fueron lo mejor que me pudo pasar en la vida. Junto con el cáncer y el lupus. La que vuelve -y tiene muchas ganas de volver- no es la misma que llegó. Y ya no me importa lo que vaya a encontrar, se viene mucho trabajo, cada vez que pido tiempo para terminar esta tesis es tiempo que le resto a pagar con hechos esta deuda. Pero se que lo voy a hacer. No me importa que se que esos ahorros se van a acabar más rápido de lo que pienso porque se que voy a conseguir un buen trabajo. No me asusta la soledad porque acá, en esta lejura, en este frío, con estas dudas no me conquistó, no me va a conquistar allá que estoy con los míos, y con abrazos, en mi idioma.
Miro hacia atrás y he hecho mucho. He hecho lo que he querido que es más de lo que la mayoría puede decir. Lo he hecho porque tengo muchos privilegios, educación, no tengo responsabilidades, y porque tengo una familia que me apoya económica y emocionalmente en caso de que me quede sin sustento. Pero también porque lo he luchado, he puesto el ojo allí y lo he logrado. Me he parado donde muchos se han rendido. Por eso me gusto.
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