martes, 23 de enero de 2018

Una de las cosas que me gusta de Estados Unidos es esa sensación de libertad en la expresión de la individualidad. Vestir, hacer sin juicios externos. Al contrario de Colombia el objetivo es que el individuo se sienta bien sin importar la opinión de la sociedad (supongo que dentro de ciertos límites). En Colombia el límite es el qué dirán y es un límite bien estrecho. Por eso acá las chicas de cualquier tamaño de visten como quieran y si alguien piensa algo no lo expresa de manera verbal o no verbal, si alguien se sube oliendo a mico en un metro atestado nadie se aparta. Y si yo vengo a un bar a escuchar música en mi celular y leer un libro en el kindle mientras me tomo una copa de vino me siento de lo más cómoda en el mundo.

Voy a extrañar esto.

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